Quiero
compartirles, no lo que ha sido la experiencia de escribir teatro para niños,
sino lo que el teatro para niños puede lograr: Lo primero, cambiar un punto de
vista… el mío propio. Quiero contarles lo que el teatro para niños ha cambiado en
mi pensamiento como autora y, finalmente, compartirles mi tránsito desde lo que
llamo el teatro de la evasión hasta llegar a pensar en la posibilidad de un
teatro político específico para la infancia.
Sé
que la sola enunciación de las palabras “teatro” y “política” parecieran un
oxímoron, una suerte de contradicción chocante... pero si le sumamos la palabra
“niño” o “infancia” aquello se convierte en una
obscenidad ¿Qué tiene que ver el teatro infantil, ese inocente divertimento -"formador de valores", "útil herramienta pedagógica"-
con la política? ¿Por qué ensuciar con
esa horrible palabra a tan preclaro
arte? ¿Para qué mover las aguas? ¡Tan lindo que es ese mundo mágico al que
solamente tienen boleto de entrada los colores, las hadas, los gnomos, la
ecología, alguna bruja inocua y una que otra leyenda! ¿O será que esta idea del
teatro infantil, la que ha prevalecido por décadas, es la que el adulto ha
decidido que es la que mejor conviene a la infancia? ¿Y los niños? ¿Y sus
necesidades? ¿Y los principios fundamentales en los que se apoya la Convención
mundial? Papeles y letra muerta en las agendas culturales, gubernamentales, legislativas y educativas de los Estados… pero lo peor: las necesidades de los niños ignoradas
en el teatro que se escribe para la infancia.
Divertir no es lo mismo que evadir. La diversión transita el camino alterno de la cotidianidad para comprenderla mejor. La evasión evita confrontar la realidad, y lo hace desde la mentira. La mentira de un teatro que le promete al niño un mundo seguro y feliz… pero el problema con esta promesa es que, al terminar la función, al salir del teatro, la realidad estará afuera, esperándonos a todos, adultos y niños. Y de ella no nos libra ni la varita mágica del más grueso calibre.
Pero
más deleznable que el teatro traidor, es la existencia de otro teatro al que no le
importa hacerse cómplice de un sistema que somete y violenta. Un teatro que,
por ignorancia, por flojera o porque sabiéndolo, prefiere no meterse en problemas con los
padres de familia, que son, a final de cuentas, los que pagan la entrada… o
con maestros y autoridades, que son los que deciden qué obra deben ver los niños de acuerdo a las políticas
culturales en boga o bajo los dictados de su propia moral.
El teatro sicario, además, se mueve en los
cómodos territorios de los temas de moda en el ámbito escolar. Hace una década
era el VIH y el aborto… lo de hoy es el bullying y las adicciones, que siempre
venden. Y con el tinte de lo necesario, los temas se vuelven botín de este
teatro, más preocupado por generarse recursos que por acudir a la niñez como su
aliado. Temas, formas y vicios que se replicarán en el aula bajo la batuta de
un maestro bien intencionado y preocupado que, también, creerá necesario hablar al niño de temas que edifiquen y “formen valores” (A todo esto ¿qué valores? ¿Los de la clase
gobernante? ¿Los que correspondían a las necesidades de la moral vigente hace treinta años?) y no es que no sea necesario tratar desde la escena este tipo de temas,
lo realmente delicado es que, en aras de lo emergente, sean tratados desde la
superficie, bajo la óptica de la moral reinante… bajo los dictados de una
política cultural que busca tranquilizar su conciencia y que tendría que ser
interpelada por docentes, padres de familia… niños.
En una de las
zonas más pobres y marginales del estado de Jalisco, la población de Oblatos,
minada por la violencia, el olvido y la pobreza, dieron una función de
“Valentina y la sombra del diablo” No sé exactamente el tiempo que medió después
de la función, pero la cuestión es que dos niñas, dos pequeñas espectadoras se
armaron de valor para, cada una a sus respectivas madres, decirles “Mi papá, mi
padrastro, me hace lo mismo que la sombra a Valentina”… sus madres, que contra
toda estadística no se acomodaron en la complicidad, levantaron las denuncias correspondientes y
hoy, dos abusadores están en la cárcel.
Y a todos los que de alguna manera participamos, nos dio el regalo de
experimentar como el teatro puede trasponer los límites que le impone la realidad, tocarla
y cambiarla al menos para dos niñas que decidieron hablar tras ver una función. Y estoy segura que su decisión de hablar no sólo detuvo el abuso: ahora ya saben que hablar es una manera de liberarse,
de dejar de ser víctimas. Y para mí, esta acción fue un parte-aguas en mi búsqueda. No podría, ni como ocurrencia, volver a la escritura de textos de la
evasión, no después de lo que el teatro me ha mostrado respecto a su capacidad
para cambiar un estado de cosas.
Creo
firmemente que el teatro es una de las experiencias humanas más potentes y, con
todo, lo más que puede hacer es compartir, no enseñar ni enunciar verdades
absolutas. El teatro para nuestras infancias debería renunciar a enseñar, es
decir a señalar, a decir “esto es así y no de otra manera”…sería más potente si
fuera un teatro que comparte, que entrena, es decir que pide el movimiento de emociones
e ideas, que provoca la acción, un teatro que invite al niño a correr junto con
el.
Dice
Primo Levy en su impactante testimonio como sobreviviente del exterminio nazi:
“En el campo de concentración, los que obedecían en todo, los que procuraban
pasar desapercibidos, los que no protestaban ni se metían en problemas, los que
aceptaban el estado de cosas sin pestañear… eran los primeros en morir” … qué
importante saberlo, desde un libro o desde la escena. Qué importante saberlo
para mí como autora. Aspiro a escribir un teatro que le comparta al niño lo que
Primo Levy me reveló: alinearse, conformarse, obedecer sin cuestionar… MATA. (Imágenes de algunos montajes de Valentina y la sombra del diablo - Teatro al límite, La Valentina teatro y Baúl de la fantasía-, El viaje de Ulises - La Valentina teatro y Teatro Xhanarati del Centro dramático de Michoacán y El Yeitotol, La cartelera teatro y Teatro Rocinante del Centro Dramático de Michoacán y de la bitácora de público de El viaje de Ulises, Michoacán.)








