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Escriba lo que escriba...

Escribir cansa...por eso descanso escribiendo. Escribir marea...por eso me agarro de las orillas de las palabras. Escribir compromete... por eso me divorcio por renglones. Escribir duele... por eso compro analgésicos genéricos. Escribir ciega... por eso no pierdo de vista a las letras. Escribir aisla... por eso camino sobre cables de alta tensión. Y por eso,haga lo que haga, escriba lo que escriba, soy mis letras.
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Hacia un teatro político para la infancia

Ponencia presentada durante el IV Coloquio mundial de especialistas en dramaturgia infantil
Bogotá, Colombia, octubre de 2013


Quiero compartirles, no lo que ha sido la experiencia de escribir teatro para niños, sino lo que el teatro para niños puede lograr: Lo primero, cambiar un punto de vista… el mío propio. Quiero contarles lo que el teatro para niños ha cambiado en mi pensamiento como autora y, finalmente, compartirles mi tránsito desde lo que llamo el teatro de la evasión hasta llegar a pensar en la posibilidad de un teatro político específico para la infancia.

Sé que la sola enunciación de las palabras “teatro” y “política” parecieran un oxímoron, una suerte de contradicción chocante... pero si le sumamos la palabra “niño” o “infancia” aquello se convierte en una  obscenidad ¿Qué tiene que ver el teatro infantil, ese  inocente divertimento -"formador de valores", "útil herramienta pedagógica"- con la política?  ¿Por qué ensuciar con esa horrible palabra a tan  preclaro arte? ¿Para qué mover las aguas?  ¡Tan lindo que es ese mundo mágico al que solamente tienen boleto de entrada los colores, las hadas, los gnomos, la ecología, alguna bruja inocua y una que otra leyenda! ¿O será que esta idea del teatro infantil, la que ha prevalecido por décadas, es la que el adulto ha decidido que es la que mejor conviene a la infancia? ¿Y los niños? ¿Y sus necesidades? ¿Y los principios fundamentales en los que se apoya la Convención mundial? Papeles y letra muerta en las agendas culturales, gubernamentales, legislativas y educativas de los Estados… pero lo peor: las necesidades de los niños ignoradas en el teatro que se escribe para la infancia.

Y es aquí donde quiero comenzar con una suerte de proclama en pro de un teatro político para la infancia: El derecho del niño a la diversión, misma  que el adulto ha confundido como la obligación de proporcionar al niño mecanismos para la evasión.


Divertir no es lo mismo que evadir. La diversión transita el camino alterno de la cotidianidad para comprenderla mejor. La evasión evita confrontar la realidad, y lo hace desde la mentira. La mentira de un teatro que le promete al niño un mundo seguro y feliz… pero el problema con esta promesa es que, al terminar la función, al salir del teatro, la realidad estará afuera, esperándonos a todos, adultos y niños. Y de ella no nos libra ni la varita mágica del más grueso calibre.

En un mundo donde, según el informe de UNICEF, cada año, 275 millones de niños y niñas en el mundo sufren violencia en sus propios hogares, es decir, entre 4 y 8 de cada 10 niños según país que les toque vivir... ¿Con qué cara se escribe una obra en donde los padres son hadas y reyes que protegen a sus pequeños y todo es felicidad, canciones y flores? Esa es una suerte de traición, porque así como la televisión se lo hace a los adultos, el teatro estaría ignorando olímpicamente una realidad que duele y que se sufre con cifras indignantes. El teatro de la evasión se convierte en un mero distractor, en un teatro que no le habla al niño de lo que le sucede, de sus emociones más fuertes y profundas, y peor todavía: de lo que necesita saber para no volverse víctima.

Pero más deleznable que el teatro traidor, es la existencia de otro teatro al que no le importa hacerse cómplice de un sistema que somete y violenta. Un teatro que, por ignorancia, por flojera o porque sabiéndolo,  prefiere no meterse en problemas con los padres de familia, que son, a final de cuentas, los que pagan la entrada… o con maestros y autoridades, que son los que deciden qué obra deben ver los niños de acuerdo a las políticas culturales en boga o bajo los dictados de su propia moral.

Y entonces, nace el teatro sicario: una suerte de brazo armado de cierto sector del sistema educativo, más preocupado por ponerle una “palomita” al plan cumplido que por las necesidades de su alumnado. Burócratas felices en convertir a niñas y niños en obligados espectadores del peor teatro teñido de falsa pedagogía, repleto de mensajes edificantes que en nada le competen a la infancia: “Cuida a la naturaleza”… ¡qué enorme tarea la de hacerse cargo de cuidar los bosques, limpiar los ríos, no contaminar, usar sustentablemente la riqueza natural, etc, etc…!  Tan enorme que ni el conjunto de adultos que somos en el mundo, lo hemos logrado… ¡pero claro, siempre es más fácil lanzar la responsabilidad sobre los hombros de la generación en ciernes! “Cambia al mundo” le instruye este teatro al niño… y yo me pregunto ¿cómo?... ¿Lo hemos cambiado los adultos? Desde hace por lo menos tres  décadas tenemos ese discurso presente en la educación y en el teatro…y las cosas empeoran en la naturaleza.

La primera condición para cambiar al mundo es creer que se puede hacerlo y luego poner manos a la obra para cambiarlo. No podemos pensar en un cambio del mundo si se sigue educando a los niños para la esclavitud y el conformismo, para portarse bien sin cuestionar, para seguir los mismos patrones de conducta que nos han llevado al punto en donde estamos como sociedad, no se puede cambiar nada desde  continuidad de sistemas sociales inhumanos y totalitarios. El teatro no puede volverse cómplice de esto.

 El teatro sicario, además, se mueve en los cómodos territorios de los temas de moda en el ámbito escolar. Hace una década era el VIH y el aborto… lo de hoy es el bullying y las adicciones, que siempre venden. Y con el tinte de lo necesario, los temas se vuelven botín de este teatro, más preocupado por generarse recursos que por acudir a la niñez como su aliado. Temas, formas y vicios que se replicarán en el aula bajo la batuta de un maestro bien intencionado y preocupado que, también, creerá necesario hablar al niño de temas que edifiquen y “formen valores”  (A todo esto ¿qué valores? ¿Los de la clase gobernante? ¿Los que correspondían a las necesidades de la moral vigente hace treinta años?) y no es que no sea necesario tratar desde la escena este tipo de temas, lo realmente delicado es que, en aras de lo emergente, sean tratados desde la superficie, bajo la óptica de la moral reinante… bajo los dictados de una política cultural que busca tranquilizar su conciencia y que tendría que ser interpelada por docentes, padres de familia… niños.

Los que enseñamos, sabemos de qué va la educación… tenemos claro que se ha convertido en una carga onerosa para el Estado, no desconocemos que “maestros” y “educación” son palabras que generan un sudor frío que corre por la espalda del Poder, por la sensación de inminente peligro que despiertan. Ahora mismo, se ha impuesto una “reforma educativa” desde la cúspide del poder. Una reforma que no es otra cosa que una reforma laboral, inhumana y estúpida, al servicio de los intereses del Fondo Monetario Internacional, del Banco Interamericano de Desarrollo y demás monstruos financieros y el señor que la ha promovido (a quien no reconozco como mi presidente) “con miras a mejorar el nivel educativo de nuestra niñez”, es incapaz de recordar tres libros que hayan marcado su vida.

Ante el nebuloso panorama de la incongruencia ¿cuál será entonces la labor del teatro en los territorios de la infancia? La misma que ha tenido siempre en los tiempos oscuros: cantar…  y cantar fuerte la canción de la revelación y la rebeldía, compartirle a niñas y niños que el estado de cosas que están viviendo no siempre fue así y que puede cambiarse.

Pero la apuesta no es por el panfleto, por el mensaje directo y básico para convencer de una idea a nuestros jóvenes espectadores: el teatro para la infancia está obligado a la metáfora y, con ello, a la poesía… por más que, como les aseveró un funcionario de cultura en Colombia a unos amigos míos: “Los niños no entienden de metáforas”… ¿entonces, de qué entenderán? 
¿De ver televisión y guardar silencio? Si no entienden de metáforas ¿por qué cuando termina la función, los niños hablan de los miedos del personaje y no de las piedras o de las pelotas que les dieron cuerpo en la escena? ¿Por qué dibujan cíclopes gigantescos que en escena sólo eran sugeridos por cuatro objetos? 

Sí, uno de los grandes problemas de nuestro teatro para la infancia es que una vez que pasa del texto al hecho escénico, tiene que vérselas, muchas veces, con funcionarios que no funcionan y que ni siquiera entienden la dimensión de importancia que el teatro tiene para la infancia.

Político es el teatro que le habla al niño de lo que le compete y lo que le preocupa, que le comparte la experiencia de lo humano, que le revela su importancia dentro de la estructura social, pero sobre todo, que le revela, desde la escena,  sus derechos: a estar informado, a que se escuche su opinión, a vivir en condiciones dignas, a ser alimentado y protegido por los adultos, a ser salvaguardado de la violencia, a que su cuerpo y su pensamiento deben ser respetados. Un teatro que le traiga la realidad de otras infancias en el mundo, que lo mueva a desear cambiar la injusticia, las condiciones de desigualdad, que abra las puertas a la posibilidad.

No me engaño: la opinión del niño es, gran parte de las veces, la opinión de sus padres… la construcción de su individualidad y de su propia opinión tendría que ser otro de los acompañamientos de este teatro al que aspiro.

Pero no hablo desde la especulación ni como un ejercicio de mera retórica. Hablo desde mi experiencia. Tengo la inmensa fortuna de saberme acompañada por grupos como La Valentina, de Guadalajara, Jalisco. Un grupo al que admiro y respeto, pero sobre todo quiero muchísimo por su espíritu guerrero que me ha inspirado en más de un sentido y que me regaló una experiencia trascendental para el pensamiento que ahora ocupa mi reflexión en torno a lo que creo que el teatro para niños que escribo tiene que decir y cómo tiene que decirlo.

 En una de las zonas más pobres y marginales del estado de Jalisco, la población de Oblatos, minada por la violencia, el olvido y la pobreza, dieron una función de “Valentina y la sombra del diablo” No sé exactamente el tiempo que medió después de la función, pero la cuestión es que dos niñas, dos pequeñas espectadoras se armaron de valor para, cada una a sus respectivas madres, decirles “Mi papá, mi padrastro, me hace lo mismo que la sombra a Valentina”… sus madres, que contra toda estadística no se acomodaron en la complicidad,  levantaron las denuncias correspondientes y hoy, dos abusadores están en la cárcel.  Y a todos los que de alguna manera participamos, nos dio el regalo de experimentar como el teatro puede trasponer los límites que le impone la realidad, tocarla y cambiarla al menos para dos niñas que decidieron hablar tras ver una función. Y estoy segura que su decisión de hablar no sólo detuvo el abuso:  ahora ya saben que hablar es una manera de liberarse, de dejar de ser víctimas. Y para mí, esta acción fue un parte-aguas en mi búsqueda. No podría, ni como ocurrencia, volver a la escritura de textos de la evasión, no después de lo que el teatro me ha mostrado respecto a su capacidad para cambiar un estado de cosas.

Creo firmemente que el teatro es una de las experiencias humanas más potentes y, con todo, lo más que puede hacer es compartir, no enseñar ni enunciar verdades absolutas. El teatro para nuestras infancias debería renunciar a enseñar, es decir a señalar, a decir “esto es así y no de otra manera”…sería más potente si fuera un teatro que comparte, que entrena,  es decir que pide el movimiento de emociones e ideas, que provoca la acción, un teatro que invite al niño a correr junto con el. 

El teatro político no es un teatro de lo estático, es el teatro del cambio y de la pregunta… no es el teatro del consenso sino que admite y busca la diversidad en la reacciones y opiniones de los niños, no busca complacer al adulto ni convencer a las autoridades educativas de sus bondades, sino hablar de lo que al niño le interesa y le es necesario… incluso si es doloroso. La realidad espera fuera, hay que prepararse para navegar en sus aguas…peligrosas, sí, pero también asombrosas y deslumbrantes.

¿Y la risa, y los colores y los duendes y las hadas quedan exiliados de este teatro? No, porque  este teatro  no es la totalitaria república platónica. La risa y la fantasía son tremendas posibilidades si avanzan en el sentido de las necesidades y preocupaciones de  los niños… si las hadas y los duendes recuperan su calidad de imagen metafórica, sean bienvenidos…

Dice Primo Levy en su impactante testimonio como sobreviviente del exterminio nazi: “En el campo de concentración, los que obedecían en todo, los que procuraban pasar desapercibidos, los que no protestaban ni se metían en problemas, los que aceptaban el estado de cosas sin pestañear… eran los primeros en morir” … qué importante saberlo, desde un libro o desde la escena. Qué importante saberlo para mí como autora. Aspiro a escribir un teatro que le comparta al niño lo que Primo Levy me reveló: alinearse, conformarse, obedecer sin cuestionar… MATA. 

Nuestro arte olvida a menudo su sagrado carácter de revelación… y es que nosotros también olvidamos con frecuencia que las cosas no han sido así siempre y  que podemos cambiarlas… pero como me dijo un niño en la sierra de Sinaloa, el pequeño hijo de un sembrador de amapola y mariguana en una de las zonas más violentas del país: “Nos podemos deshacer del monstruo… pero tenemos que ser todos, todos juntos… si no, no se podrá”  (el monstruo, él no lo sabía, era la metáfora del narcotráfico con la que habíamos estado trabajando… pero su joven inconsciente sí que sabía de lo qué estábamos hablando).


Un teatro político y poético para la infancia, para compartirle el mundo con su horror y su belleza, siempre desde lo que le  interesa y necesita… que le revele, que lo mueva, que lo haga partícipe de lo que está pasando en su sociedad y en otras latitudes, con otros infantes. Esa es mi apuesta. 



(Imágenes de  algunos montajes de Valentina y la sombra del diablo - Teatro al límite, La Valentina teatro y Baúl de la fantasía-, El viaje de Ulises - La Valentina teatro y Teatro Xhanarati del Centro dramático de Michoacán y El Yeitotol, La cartelera teatro y Teatro Rocinante del Centro Dramático de Michoacán y de la bitácora de público de El viaje de Ulises, Michoacán.)
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El affaire Kalimba. De la televisión y otros poderes

No lo conozco. Si acaso, he escuchado su música en un microbús o en un puesto de discos piratas de los que abundan afuera de metro Portales, sin embargo, como siempre pasa en estos casos, ahora he tenido que chutarme su imagen repetida hasta la náusea en televisión, periódicos, revistas, internet. Imposible no enterarse de quién diablos es Kalimba.

Sé lo poco que todo mundo sabe sobre “su caso”, a pesar de que “los medios” quieran convencerme de lo contrario… de que lo sé todo, que estoy bien informada, pero sobre todo, de que sé y estoy convencida, como buena parte de su audiencia, de la inocencia del cantante. Justamente eso es lo único que ignoro.

Y para efectos de esta nota, su culpabilidad o su inocencia son los asuntos que menos interesan, porque se supone que para eso existe un sistema judicial y legislativo que se encargará de poner los puntos sobre las íes al respecto.

Mmmm…¿?

Cierto, no es así.

Y justamente por ese vacío permanente de justicia, por esa sensación de desamparo a la que estamos sometidos los habitantes de este país, es que los medios estiran las garras, manosean expedientes, atemorizan autoridades locales, escupen sobre la ley decididos a volverse el poder judicial y legislativo (en pantalla) de la nación.

Y las consignas se repiten en cada entrevista, en conductores y luego, en la boca de los fanáticos absolutamente aleccionados pavlovianamente:

Muestras que son oro en polvo:

"Creo que Kalimba es inocente" pero como diría mi abuelo, si no es “articolo” de fe. Lo que creamos o dejemos de creer no tiene relevancia, sino lo que ocurrió… y lo que está ocurriendo.

Para empezar, parece que se ha orquestado una cruzada mediática para descalificar y crucificar públicamente a una menor de edad. Los prejuicios saltan como gazapos en todos los medios, se le sataniza antes de que el exorcista determine si hubo o no posesión (literalmente).

“Ya estaba bien correteadita” (¿Entonces tener relaciones sexuales a temprana edad te deja automáticamente fuera del sistema de justicia?).

“Se hizo un aborto a los 14 años” (Traducción: si abortas, recibirás castigo divino y merecido tienes que te violen).

“Kalimba era bien lindo con sus fans” (Sí, hay perfiles de violadores que son buenos padres, notables vecinos, honrados hombres de iglesia –y conste que no digo que Kalimba sea un violador, porque, a diferencia de sus fans que juzgan mentirosa a la niña, no juzgo violador a nadie sin pruebas, solo aclaro que su amabilidad no es argumento).

“Estaba demasiado tranquila, no lloraba… si te violan no estás tan tranquila” (Lo que yo llamo el síndrome de Camus… si no lloras, si no manifiestas tus emociones como la mayoría de los mortales… o peor, como el manual para escribir telenovelas lo dicta, no eres culpable: ERES UN MONSTRUO DE MALDAD)

“Se le insinuaba y se le embarraba, le besaba el oído” (Claro, ella se lo buscó… y si ella estaba de encimosa, tuvo que lo que quería. No necesariamente, porque hay una gran diferencia entre sexo consensual y una violación, esto lo saben muy bien una inmensa cantidad de esposas violadas por sus propios maridos).

Y la última, que merece párrafo aparte:

“Su padre abusó de ella” (Es decir, si abusan sexualmente de ti, aunque seas menor de edad, eres culpable o el abuso te predispone a volverte una delincuente mentirosa… creí que la Edad Media había terminado hace algunos siglos).

Y justamente como si de un guión se tratara y el guionista enmendara el perfil del personaje, la amiga de la chica que acusó al cantante de violarla (y aquí si opera la deformación de oficio: es obvio que dicha amiga ha sido concienzudamente aleccionada) Se presenta a una entrevista muy tranquila a declarar ante la conductora de un programa, ahora transfigurada en juez… y claro, para cuestiones de rating un rostro contento y tranquilo no sirve para nada, en la siguiente ocasión que la entrevistaron, la menor ya estaba hecha una Magdalena.

Y cosa curiosa, esa misma menor que descalificaba a su ex amiga argumentando que a los 16 años sabes a lo que te expones, lo que haces, si aceptas o no… fue exonerada al otro día de toda culpa de no saber lo que hacía al aceptar sexo consensual porque “es una niña” (esto dicho por una Niurka convertida en fiscal de ojos lacrimosos)

Este es el show. Lo que todos parecen ignorar olímpicamente es que, consensual o no, el sexo entre un menor y un adulto es ilegal en este país. Y las leyes están para proteger a los menores, incluso de ellos mismos.

Entonces… ¿por qué las autoridades mexicanas han permitido la exposición perversa de una menor declarando cosas sobre su intimidad y su vida sexual antes millones de espectadores? No es un misterio insondable: porque es la televisión y uno de los suyos está expuesto. Esta conducta también la practican médicos negligentes: se cubren las espaldas unos a otros.

Pausa para el azoro: Para demostrar el daño moral que le están causando al cantante, la inefable Niurka (que blande el expediente de Kalimba integrado por la PGJ … ¿esto es legal?) invoca el juicio de un… asesor de imagen. Y la menor exhibida, hija de su tiempo, repunta con 20518 seguidores en su twitter… cuenta en la que se gestó una de las marchas chetumaleñas de desagravio a favor del cantante.

Y este es el show. El circo nacional del momento como, en su tiempo, fue el caso de Paulette ahora carcomido en el cajón del olvido y la injusticia.

Los fanáticos, las hordas sin conciencia, marchan al monumento a Juárez, piden la libertad inmediata de su ídolo como si se tratara de un líder campesino injustamente encarcelado, hacen plantones, le siguen el juego al monstruo detrás de la pantalla.

Temblemos… mientras colocan al cantante y a las menores como foco de atención, es porque, con toda seguridad, algo terrible se está gestando y nos quieren distraer de eso, lo realmente importante.

Porque como Pepe el Toro, Kalimba es inocente, hasta que se demuestre la culpabilidad de una menor de edad… ¿Tan mal estamos? Sí.

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Lo que la publicidad me ha enseñado...

La publicidad nos educa, nos amaestra y nos llena los ojos y las orejas de expectativas. Dedicaré unos renglones a revisar lo que he aprendido de ella...

Década por década... los 60

Los años de mi infancia y, por lo tanto, los más importantes... los años formativos, los de los grandes aprendizajes... y por lo tanto los más peligrosos. Publicidad que produciría escalofríos a los educadores más tradicionalistas ante la ausencia de legislaciones y sociedades de consumidores que pusieran freno a los afanes mercadológicos de las empresas de churritos, pastelitos, toficos, refrescos, etc.

Bueno, al grano... lo que aprendí:

- Las niñas con lombrices deben esperar a que el niño varón de la familia presente síntomas de parasitosis, de otro modo, ellas jamás podrán acceder al inefable jarabe "deslombrizante" piperidol.

- Se espera que los niños sean fuertes, audaces y valientes como Pancho Pantera... ¿las niñas? Quien sabe... ni siquiera salían en los comerciales de Choco milk... ah no, esperen... sí salen: dos sonrientes hermanitas con sendo vaso de leche con chocolate, esperando en la meta, recatadas y pasivas, a su campeonísimo hermano que llega primero a la meta tras correr presuroso...y sin decir siquiera gracias, toma el vaso y se lo zampa .

-Un ama de casa recibirá elogios de su familia gracias al caldo de pollo que sí es de pollo... y si duda que es de pollo, demuestre que no tiene pollo y si lo demuestra, le damos 10 000 pesos... (¿dónde diablos se comprueba que un cubo de caldo no contiene pollo en los 60? ¿a qué laboratorio recurres?)

-Ni la fe, ni el amor, ni la felicidad, ni el trabajo, ni el sexo, ni el conocimiento. Coca Cola es la chispa de la vida.

- No. Ni la guerra, ni el sobrecalentamiento global, ni la influenza ni la inseguridad ni el narco ¡Ah, dorados sesenta en los que la máxima preocupación de un ama de casa es que las camisas de su esposo e hijos estén percudidas! pero para ellos siempre estará Rápido, que todo lo deja "blanco, blancónomo" (?).

-Un tina, con la magia de las bioenzimas de Ariel, se vuelve una lavadora automática.

- Hay una joya en cada olla (Presto, hechas del misterioso material "simaloid").

- V8 no sabe a jugo de tomate porque es jugo de verduras... lo dice la lata, pese a lo cual desde Begoña Palacios hasta Olga Breesken, insisten en que es jugo de tomate... >(


-Ni Paulette ni el jefe Diego: lo que está en boca de todos es la sopa Campbells... hecha de pollos gordos... (???)

- A los señores se les antojan las rubias superiores... Y la imagen me evita hacer cualquier comentario en torno al machismo racista pro ariano de la Cerveza Corona. ¿Eso veía de niña? ¡Chale!

-Los jabones Colgate con su fórmula "humedecedora" mantienen el cutis fresco y juvenil ... pésele a la Real Academia de la Lengua ¡ja!

-Chabelo (sí, es eterno)... nos daba lecciones de como comer gansitos Marinela (desde entonces) ... con-ge-la-dos... ¿o qué, no has visto el comercial?

-Usar Fab provoca la envidia reconcentrada, el odio sin fin de las vecinas de lavadero. Lo mejor es compartir con ellas los secretos de lavar dando sólo una talladita.

-La obligación de toda ama de casa es defender el gasto como leona (no sabemos si como Leona Vicario o la leona Elsa). Cortesía también de los publicistas de Rápido.

- La hora de México la daba Haste...

-Un hombre no puede sentirse seguro si no combate los gérmenes bucales con Astringosol y menos si en su baño se aparece, ofreciéndoselo, Susana Alexander vestida como "mi bella genio"

-La edad es uns secreto que debe guardarse y que mejor que la crema Pond's para hacerlo.

-El pato Donald aquí era el Pato Pascual y tenía su refresco hasta que Disney se dio cuenta hace un par de años y lo expropió.

-No había nada más democrático que la Glostora Acacia... para todo tipo de pelo: rizado, lacio, corto, largo, seco, brillante... de mujer o de hombre... ¡viva la Glostora!

-Cuando una modelo, sonriendo seductoramente, pregunta "¿Le doy una mordidita?" no está ofreciendo erotismo, sino una galleta Ritz.

-Si no tiene hoyo, no es Salvavidas.

-Los cigarros eran un placer juvenil... signo de liberación de la potestad adulta. Un joven que se precie de serlo, fuma. Los niños, los viejos, las amas de casa o los oficinistas, según Fiesta, no fuman. (¡Guauuu! Y se veía a la gente fumar en los comerciales... vaya... ¡Existían los anuncios de cigarros! Ahora es más fácil que permitan pornografía que un cigarro en la tele).

- El mejor invento de la década: las telas sanforizadas y el planchado permanente.

-Los bisteces sabían mejor con mayonesa Mc Cormick (de hecho, no existía otra... menos mal que en casa no teníamos dinero para ponerle mayonesa a los bisteces... :P)

.... y, por hoy, baste de los sesenta.
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Matar a la cría


(Mientras comemos palomitas en el circo mediático)

Un océano nos habita y, sus turbulentas aguas, a veces arrojan a alguna de las monstruosas criaturas que viven en sus abismos a las playas de nuestra conciencia. Antiguos atavismos de cuando todavía conversábamos con las bestias, salen, vistiendo pieles, del paraíso que perdimos en el camino evolutivo.

Hembras de otras familias mamíferas estrujan entre sus garras a la cría sin dedos, devoran a los que nacieron ciegos, pasan encima de los cuerpos de sus vástagos demasiado débiles para enfrentarse con éxito a la vida.

Algo, una indiferencia ciega y antigua, abandona los territorios del reptil y la barbarie para hacerse presente en el mundo racional… incluso, entre los civilizados seres humanos, a veces Medea despierta y se toma un alka seltzer mientras escucha el gotear de su propia sangre en el cuarto de sus hijos.

La monstruosa criatura arrojada a la playa, la gata tragando a sus crías y Medea no son algo ajeno a nuestra naturaleza. Una madre, asesina y celosa, mira desde el oscuro fondo de cada buena madre… Hay una invisible y frágil barrera que nos separa del homicida… Algunos optamos por no matar, pero eso no quiere decir que no lo pensemos, que no lo deseemos...

¿Cuáles son los secretos mecanismos de esa construcción llamada mente? ¿Qué impide que la mano de Caín vuelva a ser en mi propia mano? No lo sabemos. La normalidad es un accidente igual que la belleza… y un incidente puede volvernos monstruosos en dos segundos… así, un mal día, la oscura madre se levanta de su sueño antiguo y sacrifica a sus desvalidos hijos.

Los griegos y los romanos practicaron el infanticidio profiláctico. Cuando un bebé espartano nacía con algún impedimento físico o un rasgo monstruoso, se le lanzaba desde lo alto del peñasco Taigeto; los romanos exhibían al recién nacido al jefe de familia, el bebé permanecía en el suelo hasta pasar una exhaustiva revisión, si el infante era aprobado, el jefe de la casa lo tomaba en brazos, lo que establecía una suerte de contrato entre el pater familias y el recién nacido; en caso contrario una sirvienta llevaba al bebé a una plaza subvencionada por el estado, la plaza de los expósitos, donde si no era amamantado por las nodrizas pagadas por el poder, moría de hambre o era tomado para ser esclavizado… y sí, cualquier otra terrible cosa que se nos pueda ocurrir. Los niños, ya se ve, siempre han habitado un mundo diseñado para beneficio del adulto.

El infanticidio no es algo tan ajeno al ser humano, ni tan propio de las bestias como solemos creer. Aúllan también nuestras oscuridades cuando pedimos la crucifixión de la parricida, nada nos parece más horrible que una madre, ese mítico contenedor de todas las virtudes humanas, súbitamente asesine a sus crías… y en ese aullido conjunto , no hacemos sino proyectar nuestra propia sombra, misma que alimentará las tinieblas colectivas.

En cada crimen borramos las huellas de nuestro avance civilizatorio. Sabemos que algo no anda bien si una madre mata a la cría.… cada asesino nos pone frente al espejo de nuestra verdadera naturaleza y por eso, perdidos en la sombra del anonimato, pedimos la cabeza de quien "perdió la cabeza" : parece que lo único que nos alivia de la sangre es más sangre.

Y hoy, en este país, un infanticidio parricida encabeza la lista de búsquedas en la red, toma el horario estelar del canal astronómico, nos envían el avance de la historia, vía celular, como si se tratará de los goles de un partido de futbol en progreso. Y lo único que podemos hacer, acechados desde todos los frentes comunicativos, es meter la cabeza en una bolsa de palomitas de microondas y prepararnos para el circo mediático, eso o reflexionar sobre como los derechos de los niños se miden de manera diferente a los de los adultos bajo el rasero del poder y de los contubernios.

Semanas antes del desenlace, la sociedad de este centro caótico y cansado, fue testigo de una peculiar campaña publicitaria. Todos conocimos a Paulette, como conocemos a Niurka o a Paulina Rubio, es decir, sin conocerlas: No era necesario ver un solo cartel o un espectacular, ni importaba haberse perdido las noticias de la tarde: una atmósfera mediática nos envuelve y, tarde o temprano, respiramos el polvillo blanco de la noticia.

Niños desaparecen, niños mueren, niños son abandonados, niños, niños… ¿Por qué esta niña, en particular, tenía tanta preeminencia? El tintineante sonar de los apellidos poderosos, el resplandor de la zona socialmente privilegiada, la sospecha de las conexiones con el poder político y mediático, fueron armando el guión de la miniserie de la semana.

Una vez muerta, Paulette fue transformada en material de consumo masivo por sus propios parientes y fue lanzada como bistec a los famélicos devoradores de chismes y novedades. La niña rica, perdió el status... fue exhibida como cualquier niño pobre ultimado por el narco.

Pero, no voy a hablar de su madre "sospechosa", de "su frialdad" (el síndrome de Camus, podríamos intentar bautizarlo) tampoco me interesan sus lágrimas calificadas de fingidas, o si se fue de viaje sin sus hijos, tampoco importa que fuese una abogada exitosa que no soportaba el fracaso de tener una hija discapacitada, de tener que ir a terapia en lugar de llevarla, sana y hermosa, al ballet o "la natación" para lucirla como sus amigas lucen a sus hijas "sanas".

Voy a hablar de nosotros, los otros, el público en las gradas anónimas, ahí donde todos nos volvemos detectives… en ese espacio en que analizamos las miradas de la madre, gracias a que “Lie to me” nos ha enseñado a interpretar los indicadores gestuales; revisamos la escena del crimen repetida, hasta la náusea, en las reconstrucciones del crimen; pasamos en cámara lenta el vídeo de la recámara donde ultimaron a la niña y que ya está subido a “you tube”, lo examinamos con la maestría adquirida tras meses de ver a los detectives de “CSI” o de “la Ley y el Orden”; vemos a la madre en close up permanente, mirar al piso; medimos los decilitros de sus lágrimas, para saber si es verdad o es mentira lo que dice y lo que siente… y como bien nos ha aleccionado “Dr. House”: miente… "todos mienten".

El gran problema es que no hemos tropicalizado el producto. La justicia de lentes oscuros y rubia cabellera, vive a gusto en la ficción de las series norteamericanas; pero aquí, en la realidad de México, hace tiempo que la justicia está secuestrada en el barrio impunidad.

La tele se llena de Paulette crucificada... y nada de los niños y jóvenes asesinados en Durango, nada de los niños victimados por policías, nada de los jóvenes asesinados en Juárez. Hoy todo es Paulette… en la imbécil barra matutina, en las noticias de medio día, en los programas de espectáculos… veo un memorándum en la cara de todos los conductores, lacayos del poder, sirvientes de esos apellidos que huelen a cedro del Líbano… repiten el script con un objetivo que desconozco y me hace temblar.

Unas horas después, los padres salen libres por falta de pruebas, apenas a tiempo para preparar el escenario y maquillarse antes de su llamado... los conductores ensayan el acoso, ellos, sin mucha experiencia en los ardides de la tele, no saben como actuar... e igual que en "El extranjero" las lágrimas no vertidas, los abrazos no dados y la ausencia de otras expresiones amorosas se vuelven en su contra, acosados por el enorme colmillo de los perros del espectáculo.

Y vuelven a sazonar el cadáver de la niña, pues todavía da para más. Niños sacrificados por la negligencia, niños muertos por el narco, la policía, la indiferencia… todos víctimas, todos sin derechos. Pueden ser exhibidos de todas las maneras posibles sin empacho.

Nos anuncian la continuación de esta historia, los padres asisten a sus ¿quince segundos de fama? Yo diría que varias horas más. A Paulette no se le hará justicia, pesan demasiado los apellidos… y la telenovela quedará sin desenlace a menos que un ex presidiario, un desconocido, un sirviente silencioso tenga la mala suerte de atravesarse en el camino de este guión y le den llamado para el papel de villano (todos sabemos cómo opera esta repetida telenovela).

Lo que no terminamos por entender es porqué los apellidos que gobiernan la televisión exhiben a uno de los suyos… no es la primera vez que los poderosos tejen complicidades por más criminales que sean, pero sí la primera vez que exhiben a uno de su especie en un circo. Lizzy Borden, una rica heredera del siglo XIX, mató a su padre y a su madrastra a hachazos; los poderosos de su ciudad cerraron filas para limpiarle la sangre: en menos de cuatro horas quedó libre. Muchos dejaron de hablarle, aplicando ese extraño ostracismo moralino que opera en los altos círculos : “Sé que mataste, te saco de la cárcel porque eres de los míos... pero no no te atrevas a dirigirme la palabra".

También el canal de las estrellas tiene sus propias leyes físicas y no obedecen a las de este universo. Con el tiempo, y tu asesin@ libre, quizá los pobres mortales lo entenderemos. Con el tiempo, también, todo terminará en un Acafest o en una portada de “Quien”. No hay nada que el oro no limpie… la cantante que corregenteaba una red pederasta hoy es otra vez una estrella inocente y aclamada, el político que protege narcos, es candidato a gobernador. Los criminales del mundo (o los poderosos, que para mí son sinónimos) celebran una fiesta interminable en la que, el platillo principal es la burla. Lizzy Borden terminó ofreciendo una fiesta a una famosa actriz de la época que además era su amante. Los contubernios entre el poder y el espectáculo tienen historia.

Y ya mencionado el narcotráfico, hay que decir que no es sino una de las cabezas monstruosas de la hidra, de esa hidra que, en el infanticidio, sólo asoma una de sus numerosas cabezas… el cuerpo permanece invisible, porque el cuerpo somos nosotros, el cuerpo es nuestro silencio, la panza de la bestia está formada por nuestros rostros frente al televisor siguiendo el circo y haciendo apuestas… y hay más cabezas sostenidas por este cuerpo que todo lo permite. Así que, no nos asombremos ni nos rasguemos las vestiduras: en un país escindido de frontera a frontera y de océano a océano, parece que sólo nos unimos en la inútil indignación moralista, en el enojo pasajero que no mueve a nada, pudriéndose en la inutilidad.

Si los ricos escapan a la esfera de las leyes y el brazo de la ley se acorta ante ellos, es absolutamente entendible que los pobres anhelen la riqueza: y no sólo por la mejora material; ellos saben bien, porque lo han atestiguado, que lo que realmente otorga el dinero es el regalo de la impunidad… Porque, hablando en plata ¿merece mejor trato legal un parricida que un narco? Ambos matan niños.

Me detengo. La civilizada Canadá permite, cada año, que hombres armados con garrotes den fin, en una sangrienta orgía, a las crías de foca... y aquí, en mi país, dos mujeres indígenas ven la vida pasar entre barrotes porque las acusaron de “secuestrar” a seis agentes de la AFI. En el mundo... y en mi país, las leyes operan de modo extraño y ajeno a toda lógica...


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